DIGLOSIA
Seguramente la mayor parte de quienes han estudiado Bachillerato en sus distintos formatos durante los últimos veinticinco o treinta años podrá reconocer el nombre que da origen a este artículo e, incluso, explicarlo como variante amplificada de un término un poco menos técnico, pero con el que inexorablemente concurría coaligado en alguno de los epígrafes de las lecciones dedicadas a temas de lingüística en los manuales de Lengua Española o de Lengua Castellana y Literatura: bilingüismo.
En efecto, bilingüismo y diglosia se han convertido en un lugar común que casi todos los manuales escolares -muy pocas son las excepciones- han despachado y despachan más o menos así: bilingüismo es la facultad, normalmente individual, de hablar dos lenguas, y dentro del cual pueden llegar a establecerse distintos grados (primario, secundario…); diglosia, por su parte, haría referencia a la situación social que se produce cuando en un territorio conviven dos lenguas distintas, con la particularidad de que una de ellas disfruta de un estatus de superioridad por ser la lengua de cultura (lengua A), mientras que la otra queda relegada a los actos de comunicación oral o espontánea (lengua B).
Semejante interpretación tuvo una masiva difusión en los manuales escolares durante los años de la transición política española y, sobre todo, a partir de la aprobación de la Constitución de 1978 que da carácter de cooficialidad al catalán, al gallego o al vascuence en sus respectivas comunidades autónomas.
En resumen y a partir de estos presupuestos, los escolares deberían haber asumido que en un territorio donde convivan dos lenguas se da una situación de inestabilidad o, mejor, de conflicto porque una de ellas se comporta con la prepotencia de un invasor todopoderoso (lengua A), al tiempo que la otra (lengua B) sobrevive en un entorno opresivo y se encuentra abocada a su desaparición.
Tal análisis de la situación sociolingüística española, en unos años en que, por diferentes razones, tanto el gallego y el vascuence, como en menor medida el catalán estuvieron o habían estado cerca de la extinción, gozó hasta cierto punto de una favorable acogida en los distintos grupos, ambientes y medios capaces de influir y determinar qué y cómo había de ser incluido en los libros de texto.
Sin embargo, todos estos años en los que el concepto de diglosia se ha difundido con el sesgo que acaba de exponerse no han sido suficientes para que los verdaderos especialistas del campo de la sociolingüística, o de la lingüística o de la filología más en general, olviden el verdadero significado del término, que vamos a tratar de clarificar a continuación.
El término diglosia fue acuñado en 1959 por el sociolingüista americano Charles Ferguson en su famosísimo artículo “Diglossia” en la revista Word. Como vamos a ver, diglosia no es más que un doblete léxico formado por las raíces griegas equivalentes de las latinas del término bilingüismo, que Ferguson recrea para describir una situación observable en algunas lenguas y para la que no existía denominación específica.
Así, textualmente, define Charles Ferguson el concepto que nos ocupa:
(…) a relatively stable language situation in which, in addition to the primary dialects of a language (which may include a standard or regional standards) there is a very divergent, highly codified, (often grammatically more complex) superposed variety, the vehicle of a large and respected body of written literature, either of another period or in another speech community, which is learned largely by formal education and is used for most written and formal spoken purposes, but is not used by any sector of the community for ordinary conversation.
Si leemos con atención esta definición, notaremos que no hay en ella nada que se parezca a lo que cuentan nuestros manuales escolares. Reparemos en los siguientes puntos:
1.- Situación lingüística relativamente estable (relatively stable language situation)
2.- Dialectos básicos de una lengua / variedad divergente superpuesta y muy codificada (primary dialects of a language / divergent, highly codified superposed variety)
3.- Utilizada sobre todo en expresión formal y escrita (used for most written and formal spoken purposes)
Antes de seguir adelante, conviene aclarar que para los hablantes de muchas lenguas de las llamadas de cultura, como por ejemplo nosotros los hispanohablantes, no es fácil asumir el concepto de diglosia. No lo entendemos porque nuestras distintas variedades dialectales, por alejadas que estén entre sí, no están tan diferenciadas como para que les pueda ser aplicable lo que se establece como definitorio del concepto diglosia.
En todo caso, reparemos en que la diglosia es algo que se produce en una lengua determinada y no en una situación lingüística (o territorio) donde convivan más de una.
Nótese: (1) una situación lingüística relativamente estable, lo cual contradice el contexto en que los manuales escolares sitúan la coexistencia de dos lenguas en un territorio; (2) dialectos básicos de una lengua junto a una variedad divergente superpuesta y muy codificada, donde queda claro que hemos de entender que en la diglosia conviven no lenguas diferentes, sino diferentes variedades de una misma lengua; (3) utilizada sobre todo en expresión formal y escrita, esto es, la variante codificada de la lengua es la que se emplea en situaciones en las que se requiere un estilo elevado, por tanto ni vulgar ni coloquial: la educación, la administración, la literatura, los medios de comunicación, etc.
Cuando digo que los hispanohablantes no nos hacemos una idea cierta de ello lo afirmo desde la evidencia de que las variantes lingüísticas del español pueden ser muy distintas -incluso distintivas-, pero nunca incomprensibles. En otras lenguas, no ocurre lo mismo.
El árabe suele aducirse como ejemplo paradigmático de lengua diglósica. Se considera lengua árabe a la hablada en los siguientes países o lugares: Arabía Saudí, Argelia, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Mauritania, Omán, Palestina, Qatar, Sahara Occidental, Siria, Sudán, Túnez y Yemen. En total, parece ser, unos 180 millones de personas, y repárese, porque es importante, que no se incluyen en la lista países islámicos como Turquía, Irán, Afganistán o Pakistán, por ejemplo.
Las variantes coloquiales propias de cada país -o de zonas concretas de cada país- pueden resultar prácticamente incomprensibles a los hablantes de otros países árabes -o de otras zonas del país-, sin embargo en todos los mencionados se utiliza el llamado árabe clásico o culto, basado en la lengua del Corán, para las situaciones formales que señalábamos antes: la escuela y la universidad, la mezquita, los medios de comunicación (piénsese en el famosísimo canal vía satélite Al-Jazeera), etc. El árabe culto sirve, pues, como lengua de comunicación general, salvando las diferencias geográficas evidentes.
Entre las más conocidas, otras lenguas diglósicas que pueden citarse son el alemán, el italiano o el vascuence. Por razones de comodidad y brevedad, fijémonos en esta última.
He escrito deliberadamente vascuence y no eusquera -término quizá más frecuente y general en nuestros días-, no porque el primero pueda considerarse más antiguo y el segundo más moderno, sino porque el segundo es una variante, si bien exitosa, espuria de euskara, que tal es la forma existente en el propio vascuence, y eso a pesar de que el Diccionario de la Real Academia Española lo admita en las variantes gráficas eusquera y euskera.
Ello se entenderá mejor si se dice que en el dominio lingüístico vasco (en España y en Francia) existen desde tiempo inmemorial distintas variedades dialectales que habían llegado a resultar incomprensibles entre sí, además de carecer prácticamente de tradición escrita. Se reconocen, al menos, los siguientes: vizcaíno, guipuzcoano, bajovarro, altonavarro, labortano y suletino.
Tras varios intentos de unificación, en el año 1968 tuvo lugar el llamado Congreso de Arantzazu, convocado por la Real Academia Vasca, donde se establecieron las líneas maestras de lo que se ha llamado desde entonces euskara batua o ‘vasco unificado’ y que ha funcionado como lengua koiné o lengua artificial e integradora creada para salvar la ininteligibilidad de las distintas variantes existentes. En palabras de Charles Ferguson, podemos decir que esta variante es la ‘muy codificada’ frente a los ‘dialectos básicos’, o lo que es lo mismo, la lengua de las ikastolas o de Euskal Telebista frente a las hablas de los caseríos.
En resumen y para finalizar, diglosia no significa una situación producida por la convivencia de dos lenguas en un mismo territorio, sino que describe la existencia de una lengua en la que, sobre variantes incomprensibles entre sí, se establece una que es utilizada en situaciones formales y que permite la intercomprensión de todos los hablantes (o prácticamente todos, a poco alfabetizados que estén).
jandres @ Enero 22, 2008