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“La Carrerita”

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Nos dice S. Juan., 20.1 y 2, que “el primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.

Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le pusieron”

No es de extrañar la turbación que les causó la visión del Sepulcro vacio y la confusión producida en aquel momento a aquellos, porque, como nos dice el Evangelistas “aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos” (S. Juan 20.9)

Por una cosa o por otra, Pedro y Juan y las Santas Mujeres, fueron tardos en darse cuenta que Jesús había resucitado.La carrerita

Ninguno de los cuatro evangelistas, que han sido prolijos en la descripción de la Pasión y Muerte del Maestro nos habla de la presencia de María, su Madre, en estos momentos de tanto gozo y, aunque los evangelistas lo silencien parece obvio que Jesús, como hombre, a quien primero se haría presente, después de su triunfo sobre la muerte, sería a su Madre y que a esa Madre, como a cualquier madre, no le podría pasar como a las Santas Mujeres o a los discípulos que camino de Emaús tanto costó reconocerle, por ello cuando le avista corre despavorida al encuentro de su Hijo. Es María, al alba, esa María, Madre, que tanto sufre en la Pasión y acompaña a su Hijo hasta el último momento, al que ve morir, rota por el dolor, al pie de la Cruz, la que se llena de alborozo en la Aurora de aquel primer día de la semana.

Es costumbre entre los pueblos del Mediterráneo escenificar los distintos momentos evangélicos con ceremonias que les recuerdan. Estas escenificaciones, que tuvieron en los artistas sus mejores valedores, tenían una finalidad pedagógica y es que a través de las representaciones plásticas hacían al pueblo llano más comprensibles los misterios revelados. Tras la Iglesia de la Contrarreforma, que surge a partir del siglo XVI, se potencia la figura de María, Madre de Dios e intercesora de los hombres. Así, pues nuestros más afamados escultures y pintores de la escuela castellana y andaluza van a dejar su mejor impronta con motivos marianos. La devoción a María se extiende por todo nuestro país hasta el extremo de considerar a España como la tierra de María Santísima.

Nuestro pueblo no iba a ser menos. La devoción a María está muy arraigada entre la comunidad serona.

Notoria es la identificación de la ciudad con la advocación, extremeña y universal, a la Virgen de Guadalupe, pero de forma singular destacamos la identificación de todo un pueblo con aquella Virgen corriendo gozosa de madrugada: “Nuestra Sra de la Aurora”. Aquella María que antes del amanecer se encontraría con su hijo resucitado. Trocando su dolor en gozo.

Sabemos que es centenaria la tradición de celebrar en Villanueva el encuentro que intuimos en los relatos evangélicos, el de Jesús con su Madre. No hay villanovense que se precie que no lleve a su “Carrerita” en el corazón y es que Villanueva desde las primeras horas de la mañana del domingo de Resurrección se engalana para cerrar la efeméride de la Semana Santa, que con solemnidad y esfuerzo prepara con esmero desde el anterior Domingo de Ramos.

Son días de dolor que terminan con gozo. Con alegría, pues la Resurrección de Cristo representa nuestra propia resurrección que es la esperanza de la salvación del hombre, fundamento de toda la fe cristiana.

Y el pueblo de Villanueva se identifica con esa Madre dolorida en el Calvario, ahora triunfante, y se une a Ella y se alegra con Ella. Por un momento el pueblo se hace mariano, mejor diría, expresa su amor mariano y María arraiga en los corazones de todos los que llenan la Plaza y hace correr las lágrimas y gritar los ¡¡vivas!! Tras un esperar ruidoso, para que todo se consuma en poco más de doce segundos, largos doce segundos de griterío y emoción, la plaza repleta, niños, jóvenes y viejos, todos aplauden cuando María, “Ntra Sra de la Aurora”, corre al encuentro de su Hijo, en volandas, meneando sus airosos caireles, parece que se caerá, que no llegará, pero los acordes de la banda de música certifican el encuentro y el aire se llena de aplausos a modo de palomas blancas, cohetería y olor a churros. Es nuestro día grande. Día de la “Carrerita.” Metáfora plástica del triunfo sobre la muerte.

A. Barrantes Lozano

barranteslozano @ Enero 30, 2008

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