“..y se armó el 2 de mayo”
“… allí se armó el 2 de mayo”
A. Barrantes Lozano
Cuando hablamos utilizamos muchas veces frases hechas, las más sin saber su etimología. Son frases que se van acumulando en el acervo del lenguaje y se utilizan para definir situaciones concretas. Son una especie de metáforas, modismos o figuras literarias muy difícil de traducir a otros idiomas, pero que están incorporadas al lenguaje de la calle y a nadie le es ajeno su significado. Ocurre que ante una situación de solución rápida, de prontitud o cura milagrosa, eso de que hoy uno se encuentre mal y mañana como si tal cosa, o hacer un recado al poco de mandarlo, ante las exigencias de alguien impaciente, solemos acompañar, en la alabanza o reproche, con un: “Jesús, ni la purga Benito”. Los más avispados suelen añadir: “que estaba en la farmacia y estaba obrando”
Parece ser que el origen de esto se debe a un mancebo, es así como se llamaban a los empleados de farmacia, que tenía tanta fe en una de las purgas que despachaba que decía que curaba antes de tomarla. No sabemos a ciencia cierta si el tal Benito existió o no existió, pero a la posteridad, fabulado o real, ha pasado en el lenguaje popular. Por cierto que como el origen de las cosas queda difuminado por el tiempo, lo mismo ocurre con los dichos, por lo cual no es raro oír en lugar de “purga”, “pulga”. Aunque el significado sea el mismo.
Hay otras frases que han ido haciendo fortuna y se han instalado en nuestro lenguaje coloquial como es esa que para descalificar el descalabro de una obra mal hecha, de alguna salida de tono o metedura de pata que conlleva la descalificación total del autor atacándole a sus “pocas luces” o porque “tiene menos luces que un candil apagado” se le reproche con: “eso no se le ocurre ni al que asó las mantecas” No se si a alguien se le ha ocurrido alguna vez asar las mantecas, no lo creo, por eso la comparación, pienso, es un recurso surgido de la ocurrencia popular para descalificar aquello que se hace contra toda lógica y beneficio. Por cierto que no es nada raro oír entre las gentes el cambiar el dicho por: “no se le ocurre ni al queso las mantecas” Estos errores no son más que una degeneración lógica por la similitud de la fonética al emplear la frase de forma espontánea, sin más. No comprendemos la frase por su verdadero significado, sino por la asociación que hacemos de su cacofonía con la situación apropiada. Decir “pulga” por “purga” o “queso” por “asó”, no rompe la intención del hablante ni tampoco se hace inteligible. “La costumbre hace leyes” dicen los viejos.
Todo lo anterior me ha venido “como anillo al dedo” para introducir otros frases que también han hecho fortuna y tienen un principio más claro y un sustento histórico más sólido. Conocida es la célebre frase: “se armó la de S. Quintín”, probablemente a muchos les pasará desapercibido quién era San Quintín o en qué contexto surge la frase. Pero nadie es ajeno que, cuando se aplica, se dice para describir situaciones conflictivas, de barullo y las más de las veces resueltas con violencia.

Habría que remontarse al siglo XVI cuando las tropas de el bien nombrado Felipe II, en su constante guerrear se enfrentaron a los franceses por aquello de la hegemonía o de la guerra sin cuartel que tenía jurada nuestro rey a Enrique II de Francia, rey no menos importante para los franceses. Debió haber tanto movimiento de soldados y ser la batalla tan ruidosa que hizo que sus efectos pasaran al tesoro popular de la lengua, como el monasterio del Escorial pasó a la historia de la arquitectura universal. Se me olvidada puntualizar que S. Quintín es un santo que milagreó por el siglo III y se encuentra con todos los galones en el santoral, pero no fue a él a quien se le atribuyó el milagro de la victoria, sino a S. Lorenzo. La batalla se llama así por el topónimo de lugar en que se desarrolló, cercano a París.
No me perdonarían si en el año en que celebramos el bicentenario de la llamada Guerra de la Independencia me quedara en el tintero otra frase afortunada como es la que empleamos para describir alguna situación de conflicto, alboroto o acto de protesta. Concretamos diciendo: “allí se armó el 2 de mayo.” Recordamos con ello la indignación del pueblo de Madrid en tan infausta fecha.
barranteslozano @ Febrero 21, 2008