Reflexiones sobre el arte moderno
Reflexiones sobre el arte contemporáneo
El otro día leía de Mario Vargas Llosa un artículo de opinión sobre un artista moderno que está causando furor en el Reino Unido. Concretamente hacía referencia a Damien Hirst, y su crítica tenía como base la subasta de un lote de sus obras en la prestigiosa casa de Sotheby`s con sede en Londres. Este artista, parecer ser, y parece ser cierto por otras informaciones que hablan al respecto, que saltándose a galeristas y marchands, ha conseguido subastar 223 obras de las que obtuvo 198 millones de dólares. Y no es esto lo criticable, lo que se quiere hacer ver es que el procedimiento es a todas luces fraudulento en el sentido que el propio artista y su galerista participaron en la subasta con el objetivo de engordar los precios y por ende engordar su cartera, ya de por sí bastante voluminosa. El escritor peruano, que su autoridad intelectual nadie pone en duda, se rebela, no solo por el procedimiento, sino por la forma de encumbrar a personas sin genio extendidas por lo hoy llamamos arte. Dice al respecto que el éxito de un artista ya no depende de sus propios méritos artísticos sino de factores tan ajenos al arte como sus aptitudes histriónicas… o a las manipulaciones mafiosas de galeristas, coleccionistas… y a la ingenuidad de un público extraviado y sometido.
No insistir en decir que al bueno de D. Mario no le gusta nada ni el artista ni su proceder, al que considera un embaucador, sin vena sino es para su autopromoción, pero el trabajo al que hago referencia es una reflexión autorizada de lo que es o en lo que se está convirtiendo el arte contemporáneo, con las excepciones que uno quiera tener. Lo he leído varios veces y las reflexiones del escritor peruano al respecto me han llevado a mi propia reflexión y me han ayudado a ver mejor por donde camina esto del arte, a la vez que confirma mis temores que, por ser inexperto o temeroso de salirme de la fila, nunca lo he dicho aunque siempre he creído que hay mucho humo en esto. Recuerdo ahora la visita al Tate Modern de Londres. Es un museo moderno destinado a albergar las nuevas corrientes. Es un edificio vasto con pretensiones de hangar de aeropuerto, frío, resultado de la restuaración de una antigua central eléctrica. De paredes frías también. Situado enfrente de la catedral de S. Pablo, tesoro renacentista de la ciudad londinense, separado de este edificio por el cuadaloso Támesis, pero unido a él por un puente de arquitectura moderna, puente del Mileniun,equilibrado y de buen gusto. Los peatones que cruzan el puente comparan dos realidades arquitectónicas que separan más de cinco siglos. No digo que el edificio del Tate Modern no me gustara. Por sus amplias salas cuelgan algunas obras, no muchas, de artistas consagrados. Picasso, Bacon, Bracque… por otras, o junto a estas, aparecen pinturas que uno no sabe catalogar, ni el por qué están allí, que nada emocionan. Luego te enteras lo cotizado de tal o cual artista, pero no deja de ser sorprendente, algo parecido encuentro en el museo madrileño “Reina Sofía”. El edificio en sí encierra más nobleza e incluso su propia ampliación, muy atrevida, es expresiva y comprendo que no satisfaga a todos, es una proposición arquitectónica de fuerte contraste con el noble edificio del antiguo hospital e incluso choca con el paisaje urbano. Encierra en sus salas buenos Picasso y perpetúa a pintores españoles como Benjamín Palencia, Zuloaga, Solana, Saura entre otros, pero no se salva de la corriente imperante en este tipo de museos. Los museos de arte contemporáneo me han parecido siempre garajes que encierran algo de arte y mucho atrevimiento. Lo mismo su puede decir del Guggenheim de Bilbao, pero no tanto del parisino d`Orsay ubicado en una antigua estación de ferrocarril, pero completo con obras de los pintores que hicieron fortuna a finales del XIX y principios del XX. Manet, Monet, Renoir, Van Got… pintores que tuvieron la inteligencia de romper con las formas clásicas pero no con los cánones de la belleza. Supieron “ expresar” e “impresionar” con sus trabajos, creando escuela como antes lo hiciera Goya y tantos otros. Hoy pasa a ser el arte pura mercancía porque se ha mercantilizado tanto que “hemos renunciado a los cánones y a las tablas de valores en el dominio del arte y en este no hay otro criterio vigente que el de los precios de las obras de arte en el mercado, un mercado susceptible de ser manipulado” (Tiburones en formol. M. V. Llosa)
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abarrantes @ Noviembre 28, 2008