El Coloso y la Loba
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El Coloso y La Loba Capìtolina
A. Barrantes Lozano
Siempre ha estado la palabra escrita dotada una autoridad incostestable, más si en los libros de texo fuera impresa, allí donde la opinión de los expertos apenas si es cuestionada por las mayoría de los mortales y la confianza en sus argumentos no se ponen en solfa a no ser por otro experto de igual o parecido reconocimiento haciendo que entre los allegados se creen partidarios de una u otra corriente, a veces irreconciliables. Reconciliaciones y cismas ha habido y habrá. ¿Qué decir de las diatribas entre filófoso y sofistas, o de los partidarios de la Concepción Inmaculada de María que durante siglos divide a la Iglesia hasta que es elevado a Dogma a mediados del siglo XIX.? ¿O a la contradicción actual entre evolucionistas y creacionistas?
Estas controversias, de aparente gran calado no eclipsan otras más prosaicas, cercanas y específicas, bundantes ahora que vivimos tiempos mutantes que hacen que lo que parece hoy ser y se da como cierto, en poco es otra cosa, de modo tal que uno no se siente seguro de nada. Saltan por los aires convicciones y credos que teníamos por inmutables. Y no porque todo lo anterior fuera fruto de algún espejismo, no, sino más bien se debe al afán de revisionismo que nos asola como un ciclón. Ocurre en la política, tan bamboleante siempre, en los sistemas económicos, tan recurrentes en nuestros días, en las creencias y otras tantas cosas. Parece como si de pronto se encendieran luces adormiladas bajo la capa de un tiempo pretérito.
Llama la atención lo que últimamente se viene publicando en el mundo del arte. Obras que durante un largo tiempo se han adjudicado a un autor resultan ser de otro o bien han sido mal datadas. No me estoy refiriendo a aquellos vestigios prehistóricos donde la información del carbono 14 puede variar años e incluso siglos sin variar lo sustancial de un hallazgo arqueológico. Mil años más o menos qué importan sobre una antigüedad de 500.000. Me quiero referir a trabajos más recientes, casi contemporáneos, que se han venido atribuyendo a tal o cual autor de forma fidedigna, que han sido objeto de profundos estudios, tesinas y tesis y sacralizados en los libros de texto. Ahora resulta que con estudios apoyados en técnicas sofisticadas se desmontan tesis y certidumbres.
¿Como explicarse que “certezas” tales se hayan mantenido durante tanto tiempo por voces “expertas” y que ahora se desmonten con relativa facilidad?
. Nadie, ni arqueólogos, ni expertos en arte, se habían percatado durante siglos que la llamada “Loba Capitolina” no es una muestra inequívoca del arte etrusco como hasta ahora se nos ha dicho e incluso hay tratados sobre ello, sino que resulta ser una obra de confección posterior bajo la argumentación irrefutable de un análisis concluyente que demuestran que la técnica escultórica empleada no se conocía en los tiempos atribuidos sino que son de bien entrado el medioevo.
Algo que nos toca más de cerca y más reciente, es la polémica surgida con el famoso cuadro del “Coloso” atribuido a Goya hasta el momento. D. Manuel Zugaza, Director de El Prado, en nota de Europa Press del 26 de junio de 2008 que publica “La Vanguardia” afirma que los resultados de las investigaciones técnicas en torno a esta obra, que aún están por concluir “cierran el capítulo sobre las evidencias de que esta pintura no es de Goya”. Así que la obra atribuida al pintor aragonés pasa a ser, probablemente, obra de Asensio Juliá, un discípulo suyo, según los últimos estudios realizados al cuadro. Opinión que corrobora Dña Manuela Mena, Jefe de conservación de la pintura de Goya, que nos llega a decir que la obra se aleja de Goya completamente, sustentando su la afirmación argumentada por la existencia de pinceladas dudosas, incoherencias luminosas y falta de precisión. Si esto es así, ¿cómo es que no se habían dado cuenta antes?
La cosa no estará tan clara porque otra experta, Dña Jesusa Vega, directora del la fundación Lázaro Galdeano, al día siguiente contestaba en una entrevista al diario “El Público” y nos decía, al respecto de lo anterior: “ a lo mejor estamos viendo al Goya más Goya. Quizá efectivamente, la pintura es rara porque es la más Goya de todas..”
Si reflexionamos sobre estas dos relevantes opiniones, por un lado la de Dña Manuela Mena y por otra la de Dña Jesusa Vega, podríamos pensar: ¡cómo pueden ser tan dispares! ¿Es posible lo que lo que para unos es evidencia para otros resulte descalificante? ¿Qué podemos pensar del arte, y de los críticos de arte, aquellos que apenas si estamos iniciados?
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abarrantes @ Enero 15, 2009