lLA ENFERMEDAD DE LAS VACAS LOCAS PDF Imprimir E-Mail
lunes, 21 de mayo de 2007

Las bacterias son la vida

Una respuesta legítima a la cuestión «¿qué es la vida?» es «bacterias». Cualquier organismo, o es en sí mismo una bacteria, o desciende por una u otra vía de una bacteria o, más probablemente, es un consorcio de varias clases de bacterias. Ellas fueron los primeros pobladores del planeta y nunca han renunciado a su dominio. Quizá sean las formas de vida más peque­ñas, pero han dado pasos de gigante en ía evolución. Las bacterias han inventado incluso la piuricelularidad.

Algunos linajes bacterianos evolucionaron y dieron lugar a muchas clases diferentes de organismos, in­cluidos nosotros. Dentro de nuestras células, existen estructuras —las mitocondrías— que en otro tiempo fueron bacterias y que usan el oxígeno para generar energía. Las cianobacterias fotosintéticas y sus descendientes (las plantas), por. si parte, extraen dióxido de carbono de la atmósfera, utilizan el carbono para sus cuerpos y eliminan oxígeno como desecho, de! cual solo una pequeña parte es usado por las mitocondrías que cohabitan con lo que en otro tiempo fue­ron bacterias fotosintéticas en todas las células vege­tales.

Las atmósferas de nuestros planetas vecinos, Marte y Venus, contienen más de un 90 por ciento de dióxido de carbono. EI aire de la Tierra, en cambio, es una mezcla reactiva con una enorme proporción de oxígeno y menos del 0,1 por ciento de dióxido de carbono. Fueron las bacterias, auténticos artífices del medio ambiente pla­netario que existe hoy, ¡as que hicieron desaparecer el dióxido de carbono y produjeron el oxígeno.

EI miedo a las bacterias es, en cierto modo, miedo a la vida, a nosotros mismos en una etapa anterior de la evolución. No es sorprendente que los microbios nos encuentren tan atractivos. Puesto que los compuestos hidrocarbonados de todos los organismos están ya en un estado ordenado, el cuerpo humano (como el de cualquier otro ser vivo) es una fuente de alimento de­seable para estas diminutas formas de vida.

Quizá deberíamos consolarnos pensando que después de la muerte la materia de nuestros cuerpos no retor­na a un estado inerte, sino al orden bacteriano que sostiene la biosfera. «No veis», escribió Giordano Bruno, «que lo que fue semilla se convertirá en hierba verde, y la hierba en espiga, y la espiga en pan. EI pan se convertirá en líquido nutriente, el cual produce sangre, y de la sangre semen, embrión, hombre, cadá­ver, tierra, roca y mineral, y así la materia cambiará de forma una y otra vez y es capaz de tomar cualquier forma natural».

EI deseo de mantener la juventud, la forma más atracti­va, y en última instancia la vida propia, se ve frustrado al nivel de! cuerpo animal. Pero nuestra derrota indivi­dual es una victoria para las bacterias, que devuelven los compuestos hidrocarbonados de nuestros cuerpos a un medio ambiente vivo. Más cerca de las estructuras origínales de la vida, las bacterias no viven como no­sotros, dirigiéndose hacia la muerte. Salvo un desafor­tunado accidente, una mutación o un intercambio ge­nético con otra bacteria, una célula bacteriana puede «sobrevivir» esencialmente para siempre en su forma original, haciendo copias de sí misma por división ce­lular generación tras generación.

Todas las demás formas de vida dependen de ¡a activi­dad de incontables bacterias que viven, mueren y metalizan. Nuestras relaciones con las bacterias que nos rodean tienen que ver con nuestra salud y bienes­tar y el de nuestros suelos, aumentos y anímales do­mésticos. Tan desnudas y simples como parecen, las bacterias están constantemente ocupadas tanto a esca­la celular como planetaria. Hay variedades de bacterias que fotosintetizan sin producir oxígeno, pues usan dióxido de carbono e hidrógeno para fabricar todos sus elementos celulares. Otras producen gas metano como residuo. Y otras transforman el sulfato en sulfuro, o asi­milan nitrógeno inerte. Solo los ciudadanos del reino bacteriano tienen tanto talento metabólico.

Cuando se descubre un animal (como !a termita que produce metano) o una planta (como la judía ham­brienta que comenzó a abastecerse de nitrógeno en sus raíces) con tales habilidades metabólícas es por­que han tomado prestadas células bacterianas espe­cializadas.

Las bacterias trafican con genes aún más frenética­mente que los tratantes de la lonja de Chicago. Ese trá­fico de información genética proporciona la base para una nueva concepción de la evolución.

La evolución no es un árbol genealógico lineal, sino el cambio en el ente único y multidimensional que ha ido creciendo hasta cubrir la superficie de la Tierra. Este ente de tamaño planetario, sensitivo desde el principio, se ha ido haciendo más expansivo y autorreflexivo a medida que evolucionaba y se alejaba del equilibrio termodinámicodurante los últimos tres mil miSiones de años. Imaginemos que en un bar lleno de gente uno de los presentes se roza con un tipo de pelo verde; al hacerlo así adquiere esa parte de su código genético.

Ahora no solo puede transmitir el gen del pelo verde a sus hijos, sino que él mismo saldrá a la calle con el pelo verde. Las bacterias se entregan continuamente a esta suerte de adquisición genética rápida y casual. En el agua las bacterias liberan sus genes en ei líquido circundante. Sí se aplica la definición estándar de es­pecie —un grupo de organismos ¡que se reproducen solo entre ellos— a las bacterias, entonces todas las bacterias pertenecen a una única especie. La Tierra ar­caica fue un escenario promiscuo donde un creci­miento prodigioso y una rápida transferencia de genes condujeron, paso a paso, a las restricciones genéticas de los protistas proterozoicos.

Lynn Marguus y DoriOn Sacan

¿Qué es la vida?

Editorial Tusquets


Modificado el ( miércoles, 28 de noviembre de 2007 )
 
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